Función
1, Entretención y terapia.
(…) En los encuentros familiares, en
las situaciones sociales que se dan en un plano de intimidad, cuando hay mucho
que decir y mucho que escuchar, las personas, de cualquier nivel y condición,
se cuentan historias. (Delaunoy y
Ossandón 2013: 29)
Contar historias
como entretención además nos da momentos de comunicación con las otras personas
con las cuales compartimos estos momentos. Además, muchas de esas historias
evocan momentos pasados muy lejanos y sucedidos en lugares extraños. Es así que
al ofrecernos la historia algo “exótico” nos entretiene aún más llegando a
punto de fascinarnos. Delaunoy y Ossandón
(2013) dicen:
(…) Las historias que exponen la
vida de las personas de otros tiempos son necesarias por los mismos motivos
por los cuales resultan interesantes, para millones de seres humanos, las
revistas o los programas de farándula que exponen las vidas refulgentes de los
famosos: al ver cómo viven esas personas tan distintas y distantes las personas
corrientes logran escaparse, por algunos minutos, de sus propias aflicciones
inmediatas, de una vida propia a veces algo deslucida. (P: 29)
He aquí la función
terapéutica de la historia, que nos hace olvidarnos de nosotros mismo de
nuestros dolores y de hastío en que muchas veces nos vemos envuelto. Por eso
señala Beverley Southgate (1996) que conviene hablar de que la historia también
cumple una función terapéutica,
Función
2, Sentido:
La vida suele ser rutinaria y muchas veces caemos en la vacuidad, en estos
casos los relatos sean históricos o no, poseen el don de darnos eso que nos
falta en la vida, de darnos un sentido y unas experiencias. En el caso de la
historia el historiador como narrador convierte fragmentos de tipos
diversos de realidades; información, ideas, preguntas, explicaciones, imágenes;
toman todo eso y lo transforman, mediante acto de “imaginación configurante”,
en un relato interpretativo, que pone cada cosa en su lugar. Es decir que le da
un sentido. Delaunoy y Ossandón (2013) dicen:
“La mente humana, al parecer, necesita
encontrar sentido a un mundo que normalmente no ofrece ninguno. Para eso sirven
los relatos. Gracias a ellos, sean propios o ajenos, las personas logran dotar
de dirección a su experiencia vital, conectándola con un piso esencial de orden. (...)
La gracia de los relatos es que tienen todo eso que falta en el ámbito de la
experiencia. Dentro de las historias los principios y los finales son claros,
hay una trama que logra empujar los hechos hacia una dirección que es visible y
alentadora. Todos los hechos y acciones están en el lugar adecuado, generando
en el lector o el auditor la sensación de estar al frente de una obra integrada
y significativa, como debe pasar en el paraíso (cosa de examinar relatos breves
como los de Chejov). No sobra nada y no falta nada. Todo se ve, perfectamente,
en el lugar que le corresponde en el orden narrativo. Para eso están, pues, las
historias. Son el cable a tierra con el sentido” (P: 30).
En el ámbito de la historia corresponde a los historiadores crear ese
sentido, lo que hacen es lo siguiente: recolectan fragmentos de tipos diversos
de realidades; información, ideas, preguntas, explicaciones, imágenes; toman
todo eso y lo transforman, mediante acto de “imaginación configurante”, en un
relato interpretativo, que pone cada cosa en su lugar. Estos relatos,
“bendecidos por una mano experta, son fundamentales para la vida social, pues
aportan a las personas y a los grupos los discursos en términos de los cuales
ellos logran mirarse a sí mismos como parte de una cultura o un proyecto dado.
Con las armas que aporta este alineamiento inicial, los grupos pueden lanzarse,
con provecho, a la acción en el presente y en el futuro” (Delaunoy y
Ossandón 2013: 31).
Función
3, Identidad:
La Historia cuando
revela el pasado común de un grupo de personas hace que estas personas se
sientan parte de algo y continuadores de algo. Las historias aportan esos
ingredientes primarios que sirven para fijar la identidad en las personas y los
cuerpos sociales. Ser miembro de una comunidad dice Hobsbawm, (1972: 2):
“es situarse a sí mismo con respecto al propio pasado, aun cuando sólo sea para
rechazarlo”. Todos los seres
humanos tienen, pues, una relación con el pasado. La presencia viva de ese
pasado permite que las personas y las instituciones (estado) puedan
estabilizarse en el tiempo, manteniéndose internamente cohesionadas.
La Historia desde
sus comienzos según Fontana, (1982) ha cumplido una función social
muy clara, aunque “haya tendido a enmascararla, presentándose con la apariencia
de una narración objetiva de acontecimientos concretos. Esto, en distintos
frentes, pero uno señaladísimo: la Historia promueve la cohesión, haciendo que
las personas se sientan parte de algo y continuadores de algo” (P: 15).
Función
4, Ideología:
La relación de la
historia con el pasado y la influencia de este pasado en el presente nos
permiten comprender como la ideología impera en ella. El pasado aporta una
referencia moral o sea unas normas en la que se supone debe estar éticamente
organizado el mundo. Las sociedades humanas aceptan esto creyendo que existe
una especie de orden moral universal en términos del cual puede jugarse qué es
bueno y qué es malo y por lo tanto como debe organizarse el mundo.
Función 5,
Pensamiento:
La función de ‘identidad’ y la
función ‘ideológica’, fue la espina dorsal para el quehacer de los
historiadores tradicionales. Pero la nueva historia, ha comenzado a
considerar que la principal contribución de la Historia a los procesos
educativos no tiene que ver con los conocimientos que aporta: podría darse en
una clase de historia un contenido totalmente ficticio, pero al estar bien
planificada, puede lograr los objetivos de análisis y reflexión por parte de
los estudiantes. De hecho, las destrezas cognitivas son lo más importante a
desarrollar en los estudiantes. Pues son vistas, por la nueva historia como
instrumentos esenciales para que los estudiantes puedan desenvolverse en el
mundo global bajo el cual vivimos.
Por Sergio Chilet - profesor de historia y geografía - diplomado en gestión del patrimonio cultural.






